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sábado, 30 de mayo de 2009

Iquique - Ahora por nuestra cuenta

Faltando un día para finalizar nuestra estadía en Valparaíso, logré contactarme con Carlos Toro, de la productora audiovisual Abysmo -Con trayectoria internacional de significativo peso- y con quién logramos un trato que representaba todo un reto profesional para todos los involucrados: grabar un videoclip completo, de pre-producción a realizar tomas completas, en un solo dia. Yo ya conocía su portafolio, y aprovechando los parajes de la población de Quilpué -A 10 minutos de la célebre Viña del Mar-, decidimos asumir el desafío y tirarnos al ruedo.

El resultado fué un éxito supremo. En estas condiciones la preparación previa juega un papel vital, los muchachos respondieron genialmente y las tomas realizadas que involucraban a la banda fueron realizadas en planos ideales en un solo dia, lo que parecía imposible en un principio. Sólo falta esperar el resultado final de post-producción, el cual lo asume el director, y del cual confio plenamente.

A pesar de que la inversión no fué realmente significativa para el enorme trabajo que constituye y quedará -Sobre lo cual me muestro particularmente agradecido con Carlos y la productora- el cuádruple valor del peso chileno sobre el colombiano crea una imagen ficticia del gasto, en un país que es, a todas estas, justo unas 4 veces más caro comparación a todo lo que hemos visitado. Esto, por supuesto, no podría más que producir un inmenso desfalco en nuestros presupuestos personales en unos pocos dias.

Con unas finanzas organizadas que me han permitido sobrellevar con cierta sobriedad los inconvenientes que se han presentado, Ad portas de nuestro viaje a Iquique -El más largo en términos geográficos de la gira- en mente ya había diseñado un plan que me permitiría vivir con soltura nuestra última estancia en Chile. Por esta misma razón fue una gran sorpresa que mi tarjeta de crédito no fuera aceptada en este país, dejándome en una situación de preocupante escasez. Habiendo dejado mis últimas reservas de efectivo en el costosísimo pasaje a Iquique, sin un centavo para adquirir alimento alguno empezó la cuenta de mis 48 horas más terribles del viaje.

La determinación, requisito indispensable para toda cruzada individual, toda lucha colectiva, todo periodo vital humano. Además, único salvavidas que evita caer presa de la desesperación. El éxito, la fama y la gloria, diosas que seducen y embriagan con sus cantos como anzuelos, que una vez atrapan su presa ilusionada la conducen por caudales de tal aleatoriedad que resquebrajan los nervios por más acero que contengan, arrugan corazones por más rugidos que produzcan.

El intenso frio, el cansancio, la falta de sueño, el impacable hambre, la máquina roncante ambulatoria que tenía de compañero de asiento en las 6544562890654 horas de viaje y el estrés que todo lo anterior combinado produce son apenas una escaramuza en una vida de batallas, una tras otra alimentadas úniucamente por determinación, la de perseguir a toda costa y a todo precio aquel grial que consume a todo artista, la única recompensa plausible y satisfactoria para la lucha de toda una vida: la inmortalidad. La de aquellos a quienes Herman Hesse les ha reado su propio país, aquellos cuya envoltura corporal ha retornado a la naturaleza, pero su legado es tal que perdura más allá de todo límite físico y temporal.

En el camino por alguna feliz coincidencia de una red desamparada y ermitaña logré enviar un SOS virtual a colombia, con la misma ilusión del naufrago que manda una botellita al mar con un pequeño mensaje en su interior. Por fortuna los tiempos han cambiado y con ellos las comunicaciones, pronto llegaría ayuda de Colombia y me daría un banquete digno de tanta espera. La recompensa tampoco faltaría: Iquique se extendía ante nuestros ojos como una ciudad costera turística y paradisíaca, suficientemente al norte en el mapa chileno como para dar el esperado calor reconfortante que merece un buen chapuzón en la playa. Una vez allá, el disfrute se apoderó nuevamente de nosotros, jugamos fútbol nuevamente contra unos locales; enterándonos que nuestro estado físico ha estado lejos de mejorar, aunque esta vez si saboreamos el dulce sabor de la victoria. La playa, la suave arena y las atracciones del mar son suficiente remanso, más esperándolas por tanto tiempo.

Antes de salir de Chile destino Perú nos dieron una intempestiva noticia que cambiaría la configuración actual de nuestro viaje: Rompiamos relaciones con la agencia que nos representaba, y siendo así, el tour manager que nos acompañaba volvía a Colombia, quedando nosotros por nuestra cuenta. Continuo con el relato en la próxima entrada.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Otra imagen

Con respecto a la entrada del 15 de Abril relatando el viaje a Lima -Fecha que ahora suena tan distante- dejo esta imagen de lo que traté se imaginaran a base de palabras:

Aquí, donde los adjetivos se redefinen, la palabra "majestuoso" no alcanza para describir tanta grandeza. Las cuidadosas y delicadas formas que la arena cierne sobre las formaciones rocosas parecen una sábana del más fino terciopelo, y su contraste con el mar dan la impresión de estar recorriendo un óleo vivo inspirado por fuerzas mucho mayores y antiguas que los humanos y sus dioses.


Valparaíso


Amo Valparaíso, cuanto encierras,
y cuanto irradias, novia del océano,
hasta más lejos de tu nimbo sordo.


Neruda.

Valparaíso, todo aquí es poesía. El retrato mismo de la belleza y la serenidad a la altura de la vista, la mirada perdida en el horizonte. El intenso azul irradia tal sosiego que colma las retinas, la calma reina, el silencio y la paz dominan todo en esta realidad.

Pronto,
Valparaíso,
marinero,
te olvidas
de las lágrimas,
vuelves
a colgar tus moradas,
a pintar puertas
verdes,
ventanas
amarillas,
todo
lo transformas en nave,
eres
la remendada proa
de un pequeño,
valeroso
navío.

La brisa, caricia helada por el inclemente invierno, transporta los sentidos a un contexto surreal protagonizado por la arquitectura colonial y el infinito mar omnipresente. Al no encontrar mejor manera de describir lo que veo, dejo una foto, la primer imagen del blog. Un saludo.


sábado, 23 de mayo de 2009

Santiago de Chile

En términos de transporte, Santiago de chile hace ver a Bogotá como el reino del caos vehicular. Los muros de las estaciones de metro, impecables, se revisten con variopintos óleos nacionales vigilantes desde la altura ante el paso de transeúntes, como cientos de gotas humanas fluyendo en armonía sistemáticamente por los corredores subterraneos de la red. Aún en el centro histórico se conserva el sentido cívico, la intensa presencia humana no parece generar ni pizca de ansiedad frente al orden del intrincado asfalto, quien a su vez cohabita con la más amplia gama de comercio citadino.

Ante la imposibilidad -e inutilidad- por parte del Departamento de Extranjería y Migración en Talca para darnos prórroga a nuestros paupérrimos 8 dias legales de estadía, nos aventuramos ante la hasta ahora desconocida y enorme Santiago de Chile con la esperanza de reclamar la presta solución que nos habían prometido en un principio. Armados de mapa, dirección y números telefónicos; y acompañados por el molesto sol de medio dia, nuestra primera parada fue en un locutorio para conocer los horarios de atención del Ministerio del interior chileno -donde reside el departamento antes mencionado.- Una eternidad frente a la bocina después, responde una voz:

"Buenas tardes, Consulado de Perú" - Saluda mi interlocutor

"¿Ah? ¿De donde dice que contestan?" - Dije, empezando a preocuparme por una suerte imposible

"Del Consulado de la República del Perú" - Replicó.

Colgué la bocina. Tras verificar 400 veces haber marcado el número correcto que me fue entregado en una oficina de información turistica gubernamental, guiado por una absurda esperanza de un error nacional temporal en las redes telefonicas, volví a marcar con el mismo éxito. No alcanzaba a comprender por qué a unos ciudadanos colombianos buscando información del Depto. de Extranjería y Migración chileno, se les diera como referencia el número del Consulado de Perú. ¡Que ocurrentes!

Aún asi, decidimos llegar de cualquier manera a la dirección cuya procedencia tenía la misma fuente tan veraz, no sin antes advertirles a los muchachos que si llegaba a ver el letrero de "Consulado de Perú" cuando llegaramos a la dirección en el papel, haría cuando menos una pataleta de niño chiquito en protesta en nombre de mi país por el irrespeto a la migración.

No fue necesario. El destino era el correcto, el Depto. de Extranjería y Migración incluso estaba repleto de gente. Caramba, ¿Cuanto habrán tardado todos ellos para dar con la dirección correcta, a pesar de la enorme desinformación de las autoridades? Aunque a lo mejor es una especia de filtro para menguar las interminables esperas para un dichoso papelito estatal.

45612354654 horas después -Ni una más, ni una menos- pudimos finalmente realizar el trámite. Por si fuera poco, cuando por fin llegó mi turno, al pasar al módulo de atención pensaron que era yo un homónimo exacto, otro Juan Carlos Vasquez Gomez, también colombiano, pero que había solicitado residencia en Valparaíso, Chile. Casi no logro convencer al tipo que jamás había visitado Valparaíso en toda mi vida. "¡Tanta coincidencia no es posible!" argumentaban. Ni yo me lo creo.

Finalmente y tras haber superado con éxito este impase, logramos cumplir normalmente con nuestro concierto en el Teatro Galpón Alameda de Santiago, al cual asistió tanta gente que no todos pudieron ingresar. Con algunas entrevistas para medios nos despedimos del recinto, el cual nos proporcionó los medios técnicos necesarios para dar un show óptimo.

Hoy se cumple nuestro último día en la capital, mañana partiremos hacia Valparaíso, donde la playa nos espera. Un saludo

martes, 19 de mayo de 2009

Problemas en la frontera

Mendoza, nuestro dia. El poder adquisitivo de una ciudad costosa en un país aún más costoso es evidentemente superior en cada detalle del día a día económico, lo cual se inclinó a nuestro favor al traducirse en una exitosa venta de nuestra música durante el show. Así mismo, un país con tal apertura comercial y cultural tenía amplias posibilidades de recibir con beneplácito una propuesta musical mayormente experimental, tal cómo afortunadamente ocurrió. Una breve tertulia con los asistentes nos comprobó la gran amabilidad argentina, muy lejos de la tan mentada petulancia que normalmente se les atribuye en mi país.

No todo fue tan positivo cuando intentamos cruzar la frontera para llegar a Chile. El primer golpe fue en el terminal de Mendoza, minutos antes de pagar el tiquete de bus: "Deben llevar una bolsa de 600 dólares por persona para gastar en Chile, o el cupo equivalente en tarjetas de crédito" Vociferó la vendedora de CIFA, reconocida empresa de transportes argentina. Sobra decir que nadie tenía tal cifra tan absurda en efectivo, y no todos llevaban dinero plástico para al menos realizar una simulación. Llamamos a la oficina de migración en Mendoza y no nos dieron información precisa, y en internet encontrábamos datos que se contradecían unos a otros -Una constante en términos diplómaticos es el agujero negro que siempre absorbe la información relevante a migración, un fenómeno inexplicable aún para la astrofísica moderna-

Decidimos asumir el riesgo. Nos íbamos para Chile no importando que nos dejaran en el camino los agentes de Aduana. Habiendo llenado los papeles reglamentarios en el bus y encomendados a todos los dioses ateos, temerosos hasta la médula llegamos a la frontera.

Bien, tanto suspenso no pasó a mayores. Finalmente no había ningún requisito adicional para ingresar a Chile, por alguna extraña razón la mujer de los tiquetes nos había mentido. Ahora sonreíamos ampliamente pensando que la pesadilla habia acabado. Y no era para menos, las leyendas y mitos que nos llegaban de tantas bandas que no habían podido pasar a Chile por una u otra razón nos tenían al borde de la paranoia. Y nosotros lo habíamos superado con un suspiro de esfuerzo. O eso pensábamos.

Cuando nos disponiamos a celebrar nuestro triunfo con una monumental dormida camino a Santiago de Chile, la policia de aduana paró el bus e indicó a todos los pasajeros descender para la revisión de narcóticos y elementos de contrabando. Bien, ahora empezaba el cristo -ateo- a padecer. Mis platillos de la batería fueron los primeros en quedar estancados en el primer filtro de rayos x. "Deben declarar esto" Argumentó una mujer rubia encargada de aduana, ya que según ella, tenían fin comercial y no de estudio. Uno a uno los instrumentos representaban un problema, a pesar de nuestras múltiples explicaciones sobre su futuro y pasado uso. Estaban evidentemente desgastados, y aún así nos costó un esfuerzo enorme convencer a nuestro "comité de bienvenida" chileno de nuestros verdaderos propósitos en el país austral.

Y eso no fue todo. Cansados y malhumorados, al retornar nuestros pasaportes a nuestras manos nos percatamos que en la supuestamente fácil migración solo nos habían otorgado un plazo de 8 dias para cumplir nuestro itinerario, el cual ocupa mínimo 15. Mientras nos mirabamos estupefactos, nos dieron la estocada final: "Uds. cuatro -señalando con el dedo a 3 de los muchachos y a mi-, vengan conmigo" Nos gritó un policia con un can.

Lo que prosigue recuerda a esos interrogatorios hollywoodenses en los cuales hay un policia bueno y uno malo, que advierte sobre los peligros de no "confesar" un crimen. También estaba el minúsculo cuarto mal iluminado, y hasta podría jurar escuchar la música de suspenso como banda sonora de la increíblemente absurda escena.

"¿Tienen Uds. droga?" - Nos preguntó, con una seriedad tan sobreactuada que no pude evitar la escapatoria de una sonrisa.

"No" - Al unísono.

"Pero consumen". - Replicó

"No" - De nuevo.

"Les advierto que si encontramos algo quedan detenidos". Amenazó

"Ok" - Ya visiblemente molestos.

Acto seguido una innecesariamente larga requisa, la cual tuvo como botín unas medicinas homeopáticas y una pasta para soldar con cautín. Es decir: nada. Ante tal absurdo, Juan preguntó: "¿Cuénteme, esto lo hacen por colombianos, rockeros, o mechudos?"

"Pues en Colombia es donde más consumen. Y Uds. saben, no se puede hacer rock sin fumar" Musitó, en una frase digna de ser recordada. "No se vayan a ir con una mala impresión de Chile por los policias de aduana" - Sonaban en el corredor las palabras de nuestros amigos chilenos de Cochabamba, tal veraces y premonitorias.

Estando ya en Talca, realizamos todas las averiguaciones del caso y la ampliación del plazo es un trámite sin relevancia. Con un ingreso per cápita mayor que el resto de naciones del subcontinente y una carretera para ingresar al país de casi 90 grados enteros de inclinación, Santiago de Chile es un país del "segundo mundo". Los vinos de exportación son tan baratos como los alfajores argentinos, y la comida, espectacular. Talca es, dicho sea de paso, nuestro destino geográfico más al sur que visitaremos. Esto quiere decir que todo paso que se tome, todo camino que se conduzca a partir de ahora, será camino a casa.

Hasta pronto.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Mendoza - Argentina

Al fin. Posar nuestras ya desgastadas suelas en tierra Argentina genera una emoción tan apacible y familiar que pareciera el retorno a casa. Ahora mismo escribo placidamente en una cálida sala desde un ordenador portátil, dependiendo del internet más veloz desde Colombia. Ignoro el origen de la paciencia de índole cibernética en Bolivia, navegar por la red es tan "ágil" que se corre el rieso de desprendimiento de retina por la "velocidad" con que cargan las páginas. Alguien debería advertir antes de usar. No me pude acostumbrar.

Pero me estoy adelantando. Primero, el viaje.

Camino. Un óvalo sepia le arrebata a la penumbra su innata introspección, delegando a danzar junto a él un sinfin de adivinanzas en silueta, misterios tejedores que configuran la osadía de explorar el límite entre realidad y fantasía. Fantasías oscuras responsables de leyendas, dan sentido y balance al bipolar sistema moral humano.

La noche cuenta con un valor estético singular, abismal en profundidad y apropiado para el instinto de supervivencia del viajero: la capacidad de abstracción. Temida y respetada a la vez, el considerar dos polos de poder contapuestos en cuya lucha consiste el balance, la desprestigiada oscuridad se relega al banquillo de los desadaptados, rebeldes que justifican las medidas de autoridad y castigo de bien. Muy lejano de la más realista filosofía oriental, que simplemente forja una lucha entre dos fuerzas, sin etiquetas éticas. En la vida real existen muchos contrastes entre el blanco y el negro.

Dos veces vimos el ocaso desde los marcos del primer transporte-casa argentino. Un minibar a nuestra disposición de café, jugo y turrón fue una sorpresa al inicio, luego nuestro única comida por falta de posibilidades de cambio de divisa. Las relaciones binacionales en cuestiones cafeteras, jugueras y turroneras habrán mejorado ostensiblemente al vernos consumir tal cantidad de producto. 29 horas de viaje, sumando las que nos costó salir de Bolivia.

La despedida de Bolivia contó con comité de despedida, inesperado por el tremendo festejo que rindieron en nuestro honor con motivo de nuestra partida. Es francamente conmovedor el grado de influencia que se ejerce al establecerse en un sitio, aunque sólo sea por un corto periodo de tiempo. Las montañas del paraje nos daban el buen viaje, nuestro último paso por la región andina. Un enorme cúmulo de experiencias hemos dejado en esas tierras, de las cuales mucho recordaremos con absoluta seguridad, y con el más profundo cariño.

Asi pues inicia esta nueva etapa, llenándonos de ilusión y emoción. Corinna nos ha recibido con una tremenda cena, y las imágenes gauchas, los sonidos, los caminos y hasta el olor característico de este enorme país nos llena y extasía los sentidos. Por ahora, a descansar un poco, ha sido un viaje largo. Hasta pronto.

domingo, 10 de mayo de 2009

Un pequeño paréntesis

¿Qué mejor que un pequeño descanso para tan entreverado y diverso problema? Tarija ha servido como nuestro hogar por los últimos dias, y ante la cancelación de nuestro concierto en La Plata, Argentina -Y el anexo de un show en Mendoza, que finalmente articula mejor y directamente nuestro recorrido hasta Chile- no ha quedado opción que sentarse a disfrutar un poco del panorama, costumbres y cultura de la región sur de Bolivia.

¿Y cual es la cultura tarijeña? La del vino y la fiesta. Parece increíble, pero pasear por las calles de la ciudad cualquier dia hábil es caminar por un pueblo fantasma, decenas de locales que tapizan las paredes cerrados y unas cuantas almas incautas temerosas ante la presencia de un extraño intentan llenar sin éxito las pequeñas aceras de baldosas pedregosas. ¿Y donde está la gente? Tomando, por cierto. Las plazas de día rellenas de palomas hambrientas, al ocaso son escenario indicado para un poco de diversión, y mucho, mucho licor.

"La linaza es un jugo de arroz hecho para pasar el malestar del licor, pero para los tarijeños, Uds. los extranjeros no aguantan el vino que se toma aquí" - Nos advierte una vendedora de un preparo líquido muy común por estas tierras.

No soy hombre de licor, cómo lo saben quienes me conocen. En lugar de esto, cómo es costumbre, suelo observar divertido los acontecimientos de mi alrededor cuando cuento con la compañia de alegres tomadores. Ingerir alcohol, he inferido, -y no de modo peyorativo- ha tenido tal éxito comercial porque supone una tentativa de funcionar en un entorno más básico. Me explico: En tal coyuntura, el retardo de la sinapsis cerebral genera una especie de "nivelamiento intelectual", al transformar toda potencial conversación en un devaneo en torno temas triviales y de poca reflexión. En tal caso, y combinado con la natural extroversión licorera, un grupo social en otro contexto diverso, puede congeniar sencillamente al limar "asperezas intelectuales".

Un saludo y hasta pronto. La próxima vez, desde Argentina.

jueves, 7 de mayo de 2009

Tarija (Final)

Miércoles. Recibiamos noticias desde La Paz, en la embajada estaban dilatando lo indilatable. Con los nervios de punta y sin uñas ya para apaciguar la ansiedad, no existía el mínimo rango al error, cualquier tropiezo era fatal.

A pesar que la entrega del pasaporte para nuestro amigo era casi un hecho, faltaba aún la tarjeta andina, documento entregado al arribo por las autoridades de migración, el cual es requisito indispensable para salir del país. Con Juan y todo el equipo de apoyo realizando presión en la embajada colombiana, el primer inconveniente surgió con la llamada a principios de semana: "Lo sentimos, no se podrá realizar trámite alguno hasta el miércoles, ya que la consul está de vacaciones". Ninguna razón, ninguna solución más que una espera tan tortuosa como innecesaria.

Cumplido el plazo y con la ilusión cada vez más desesperada, al marcar nuevamente la respuesta fue: "Si, la consul llegó, pero está cansada y no los podrá atender". Atónitos quedamos ante semejante afirmación, más aún con la sorpresa de toparse con una compatriota irresponsable representando todo el gobierno de nuestra patria en suelo boliviano. No existe, ni existió el mínimo indicio de ayuda ante un trámite tan aparentemente sencillo. La reacción por parte de Lucía, quién había aceptado tan amablemente a Juan -y con quién jamás alcanzarán las palabras de agradecimiento- fue tan explosiva que inmediatamente abrieron un espacio para escuchar nuestro dilema.

Le entrega del pasaporte se realizó finalmente sin mayor inconveniente. Ahora sólo faltaba regularizar la situación en el país con las autoridades bolivianas, quizá la fracción más dificil. El problema es que ya era miércoles, 4 pm, y si no se lograba realizar el trámite en la próxima media hora, era imposible para Juan lograr tomar un transporte que lo reuniera con nosotros en Tarija para finalmente cumplir con el transporte que nos llevaría a Buenos Aires. Y si en esos escasos 30 minutos no se cumplía con un objetivo tan complicado, no sólo perderiamos nuestro concierto más publicitado en Argentina, también sin ese punto de articulación sería económicamente inviable nuestro trayecto, y por ende resultaría el fin de la gira. El fin de toda esperanza.

Era apostar el todo por el todo. 4 pm, Juan estaba conectado en el MSN hablando conmigo, comentándome el dilema. Soportar tal grado de tensión no es fácil. La única información del trámite que teníamos, es que tardaba mínimo una semana con pruebas de la fecha de ingreso al país, que no teníamos. La única oportunidad era que se compadecieran de alguna forma y le entregaran una tarjeta provisional de manera excepcional. "Ya nos vamos, crucen los dedos... cambio y fuera" fueron sus últimas palabras.

Tras los 30 minutos más largos que recuerdo en mucho tiempo, las baldosas del local de llamadas ya empezaban a mostrar huella de mis continuos paseos en círculo. Llamé a Lucía y con voz entrecortada musitó: "Lo logramos... vamos camino al terminal... pero no sé si logremos tomar el transporte..." No llegar a tiempo era tan trágico como no tener ni la tarjeta andina, ni el pasaporte. Parecía imposible que después lograr lo imposible, no pudieran tomar un bus para Tarija que nos reencontrara a tiempo.

No nos quedaba más que esperar al otro dia, rogando que por alguna feliz coincidencia el destino por fin nos sonriera, y vieramos la silueta de Juan al principio del pasillo del hotel. Tras una noche tortuosa y una espera infinita, pasaba más de medio dia y aún no sabiamos nada.

Y así fue, hay que ver como la voz de alguien puede producir tal alegría. Juan llegó, había tardado encontrando el hotel, pero lo había logrado, y la gira, con todas nuestras esperanzas puestas en lo que en su momento pareció inalcanzable, ahora era realidad. El grupo estaba completo, y la aventura, lista para ser reanudada.

lunes, 4 de mayo de 2009

Tarija

Finalmente algo de calma y descanso después de la tormenta. Mientras Juan está en La Paz en inmejorables condiciones y en manos de una persona de nuestra absoluta confianza, nosotros nos hemos dedicado a hacer algo de turismo, en la ciudad que es y será por algunos dias nuestro nuevo hogar. Por cierto, comer y dormir en Tarija es sumamente económico. Es posible almorzar abundantemente y con una gran calidad, a menos de un dólar, el transporte público es casi gratis para los jóvenes universitarios -cómo nosotros, aunque seamos en otro país, o simplemente no seamos- y la gente es muy amable. Museos, plazas, bares y hasta castillos azul fantasía de antiguos condes hemos tenido la oportunidad de recorrer.

Ayer salimos a jugar fútbol con algunos compañeros bolivianos, cosa que sería normal si los muchachos les gustara al menos jugar fútbol. Aún asi nos hemos divertido bastante, aunque una vida de sedentarismo frente al computador nos condujo a una derrota segura y a declinar un segundo tiempo por estar al borde de un desmayo. Hoy, por otro lado, salimos en teoría al campo a un dia tranquilo y nos hemos topado con un camino pedregoso de considerable dificultad y mucha exigencia física. La recompensa: Una cascada de dos etapas en la union de dos montañas, las cuales se cerraban entre si proporcionando paredes aislantes de cualquier vestigio humano.

El hipnótico golpeteo de una caida de unos 100 metros proporciona una brisa húmeda refrescante, premio para cualquier esfuerzo previo. Nuevamente es evidente el grado de pureza y belleza de un lugar donde el humano casi nunca llega.

Otra anotación: Hablando con nuestros nuevos amigos, nos hemos dado cuenta que la polarización política es pronunciada cuando se habla de sur y norte, donde el norte cuenta con mayores beneficios y gran cantidad de riqueza sectorizada. Aquí, en el sur, no se ve ni un solo comentario de apoyo, muy distinto al panorama que nos recibió en La Paz.

viernes, 1 de mayo de 2009

Bolivia y primer gran contratiempo (Tercer parte)

Al otro dia llegamos a la decisión de que debía tomar vía aerea camino para Tarija para cumplir con la responsabilidad que habiamos adquirido, mientras Juan salia para La Paz donde lo esperaría una persona de confianza. Habíendo ultimado preparativos para llevar a cabo este plan, lo pusimos en marcha.

El glamour de los aeropuertos ya era apenas un vago recuerdo para mi, habituado al bullicio y movimiento de los terminales terrestres.

Ya tenía suficiente apariencia extraña con cabello largo y boina negra de gamuza, como para que el aspecto de viajero que se impregna cuando se ha realizado un viaje tan largo y por tanto tiempo -incluso la piel se torna "color viajero" un amarillo anaranjado opaco muy curioso- completara la combinación y me presentara como un ser extraño en los inmaculados pasillos del aeropuerto de Cochabamba.

Los costales de comida, las gallina y cabras, los atuendos indigenas y los niños durmiendo en el pasillo son reemplazados por teléfonos móviles último modelo, bolsos versace de cuero y los "Very Nice !" de los gringos ante los nevados bolivianos. La población indigena, mayoritaria en Bolivia, es apenas un breve rumor en este tipo de espacios donde la apariencia y los astronómicos costos abren la brecha social recordándole al pueblo quienes son los que finalmente disfrutan de la deidad impuesta por el capitalismo: el dinero.

Un mundo de ilusión, sin duda. Teniendo que hacer trasbordo en La Paz para tomar un vuelo directo a Tarija, significaba tener que realizar en una hora la misma aventura que nos había tomado más de 30 horas de viaje terrestre, durante la extensión de una semana de nuestras vidas. Sólo en una situación así es donde se evidencia cuanta razón tenía Homero en su inmortal Odisea, porque viajar y llegar no son, ni serán sinónimos jamás. Viajar es alimentarse de un pueblo, beber de su cultura y mimetizarse con el camino. Llegar es ver el final de la pelicula antes de enterarse del resto.

Mientrás en cámara rápida transcurría toda nuestra campaña boliviana por la miniatura ventana del avión, observé la cantidad de gente que portaba tapabocas por temor de adquirir la gripe porcina, ahora rebautizada para evitar tergiversaciones de sus formas de contagio. Quizá sería más apropiado llamarla "Paranoia porcina". Mientras la humanidad se extermina a sí misma en cualquier rincón del planeta, la producción de armas nucleares es cada vez más significativa y los recursos naturales son abusivamente malgastados; menos de 200 personas mueren victimas del cerdito y ya representa un pandemia apocaliptica capaz de causar el fin total de la raza humana. Qué curiosos mecanismos tiene la sociedad para animar su inclemente rutina.

Finalmente me reencontré con los demás muchachos en Tarija, ya dispuestos a cumplir con nuestro itinerario por última vez en Bolivia, y mañana, partir para Argentina. Tendremos que tocar con una baja por primera vez, pero en cuanto Juan pueda volveremos a Bolivia por él y continuaremos nuestro trayecto, pudiendo sopasar por fin este contratiempo.

Bolivia y primer gran contratiempo (Segunda parte)

Cochabamba nos recibió con el frio más brutal que hemos sentido en las últimas semanas. Juan enfermó en una gripa impiadosa, lo cual lo tuvo con preocupante gravedad durante gran parte de nuestra primer parte de aventura. Aún así, fuimos en cuanto llegamos al consulado colombiano, esperando encontrar un pedacito de nuestra patria en suelo boliviano.

Cuando llegamos nos dieron la primera mala noticia: Sólo nos atenderían hasta las 5 de la tarde, y recién pasaban las 5 de la mañana. Estabamos a 12 horas y sin nadie conocido. Deambulamos sin rumbo intentando cargar mi teléfono móvil para poder comunicarnos por internet, y en el único lugar donde encontramos gente amable, fue, muy curioso, una congregación cristiana. Desde que entramos le advertí a Juan los problemas que habrían si me llegaban a realizar media pregunta con intenciones evangelizadoras. La tensión fué bastante graciosa, pero nunca nos preguntaron nada e insistieron en darnos un poco de pan y café antes de irnos. Ya podrán imaginar que caras llevabamos para entonces.

Postrados en una banquita de un parque, acompañados de Oso, un can -sé que se llamaba Oso porque traía un papel que lo especificaba: "Hola, me llamo Oso!"- y por alguna feliz coincidencia nos encontramos con algunos amigos chilenos que justo pasaban por esa misma calle. Estos nos invitaron a un tremendo banquete y nos contaron sus aventuras, las que han resultado de haber hecho viajar y tocar su modus vivendi. Pero esta es otra historia.

Habiendo hecho suficiente tiempo y bien comidos, llegamos de nuevo al consulado. Esta vez si nos atendieron, pero el médico/consul tenía su despacho desde su consultorio y lejos estaba, tecnológicamente hablando, de poder tramitar cualquier documento burocrático. Nos contó que la única opción que teniamos era volver a La Paz, el principio mismo de nuestro viaje, directamente a la Embajada Colombiana y allá nos darían un pasaporte temporal que salvaría nuestra gira. Una vez más, el éxito se escurria de nuestras manos, empañando nuestros planes.

Y teniamos concierto al otro dia a más de 20 horas de viaje. No teniamos mucho tiempo de pensar, sólo de comprar tiquetes. Con Juan ya al borde de un soponcio, salimos a buscar algún bus que nos llevara a Tarija. No contabamos con que el 1 de mayo era festivo internacional, y que el paro afectaba irremediablemente la salida comercial de transportes. No pudimos salir y nuevamente nos enfrentabamos a un inconveniente terrible.

Tras informar de la situación buscamos un hotel, ya no podiamos más. En la mañana ya pensaríamos qué hacer.

Bolivia y primer gran contratiempo

6 AM. Alistábamos nuestro quipaje para abordar nuestro transporte Sucre-Potosí. Luego de una gran presentación en la capital histórica boliviana, nuestro siguiente objetivo debía ser alcanzado con prontitud, amenazado por el paro cívico recién decretado en toda la ciudad. Corrimos como pudimos, corrimos hasta que se interpusieron en nuestro camino tremendas moles de acero que taponaban toda entrada y salida de las calles sucreñas. Ya era demasiado tarde, imposible actuar hasta el levantamiento de la protesta, la cual se había valido de barricadas improvisadas con poderosos caminones y buses atravezados en el asfalto, custodiados por sus conductores imposibles de disuadir.

Los sucreños reclamaban mayor atención del gobierno ante la ciudad que figura como capital del país, a pesar de no poseer los poderes tradicionales del sistema de gobeirno. Decidieron paralizar todo para hacerse sentir.

Y asi quedamos en medio de una problemática que no es nuestra, perdidos en un país que tampoco es el nuestro, y rodeados de kilómetros de locales cerrados y desierto automotor simpatizante. Tras varias horas de interperie, un alma caritativa llegó a nuestro rescate en un taxi renault 4, a sabiendas que tendría que transportar nueve personas incluyendo equipaje e instrumentos en su pequeño interior amoblado. Y esa es la historia de como fuimos realmente el circo, haciéndonos caber en un increíble acto de aplastarnos en ese minúsculo oasis salvador de 5 puertas. Dominados por el sueño que no habiamos aminalado por nuestro casi matutino concierto, entramos al primer hotel que nos llevaron.

El cansancio prevaleció, y cómo cuerpos inertes quedamos en las sonoras camas. Mientras estábamos en los brazos de Morfeo, en uno de los cuartos lograron sustraer el canguro personal de uno de los muchachos, con pasaporte y todo su potencial económico para el resto del tour.

Una vez nos dimos cuenta, la tristeza reinó y todo fué confusión e incertidumbre. A primera vista, esto era el fin de nuestro viaje. Meses de ahorro habían sido arrebatados en escasos 20 minutos de sueño, y nuestras ilusiones destrozadas permaneciendo ausentes junto a ellos.

Tras recorrer los hechos tuvimos nuestra primera sospechosa, una mujer de ascendencia indígena ya mayor que realizaba los enseres de limpieza en el hotel. Más de nada sirvió la odisea de localizar y visitar su hogar, tras evitar y enfrentar lo que antes era ciudad, ahora más bien un paraje post-apocaliptico digno de un holocausto zombie. Finalmente nos resignamos a la pérdida de los documentos y el dinero. Tras haber realizado casi medio camino, el fracaso y la humillación de regresar a Colombia en este punto golpeaba nuestras almas una y otra vez.

Pero no había forma de dar pie a la desesperanza. Sabiamos desde un principio que no sería fácil, y habíamos decidido ponernos a la tarea de enfrentar cualquier tropiezo que pudiera aparecer, por grande que fuera. Así que partimos Juan -la víctima del robo- y yo, armados de valor, al consulado colombiano más cercano, que quedaba a 10 horas de viaje por tierra en la ciudad de Cochabamba, donde ya habíamos tocado. Era nuestra oportunidad para tramitar algún tipo de documento que nos diera esperanzas de continuar. Mientras tanto, los demás muchachos seguirian su ruta a Tarija, último de nuestros conciertos en Bolivia.

Y así fue como partimos cual hobbits aventureros a tierras inhóspitas.