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viernes, 1 de mayo de 2009

Bolivia y primer gran contratiempo (Segunda parte)

Cochabamba nos recibió con el frio más brutal que hemos sentido en las últimas semanas. Juan enfermó en una gripa impiadosa, lo cual lo tuvo con preocupante gravedad durante gran parte de nuestra primer parte de aventura. Aún así, fuimos en cuanto llegamos al consulado colombiano, esperando encontrar un pedacito de nuestra patria en suelo boliviano.

Cuando llegamos nos dieron la primera mala noticia: Sólo nos atenderían hasta las 5 de la tarde, y recién pasaban las 5 de la mañana. Estabamos a 12 horas y sin nadie conocido. Deambulamos sin rumbo intentando cargar mi teléfono móvil para poder comunicarnos por internet, y en el único lugar donde encontramos gente amable, fue, muy curioso, una congregación cristiana. Desde que entramos le advertí a Juan los problemas que habrían si me llegaban a realizar media pregunta con intenciones evangelizadoras. La tensión fué bastante graciosa, pero nunca nos preguntaron nada e insistieron en darnos un poco de pan y café antes de irnos. Ya podrán imaginar que caras llevabamos para entonces.

Postrados en una banquita de un parque, acompañados de Oso, un can -sé que se llamaba Oso porque traía un papel que lo especificaba: "Hola, me llamo Oso!"- y por alguna feliz coincidencia nos encontramos con algunos amigos chilenos que justo pasaban por esa misma calle. Estos nos invitaron a un tremendo banquete y nos contaron sus aventuras, las que han resultado de haber hecho viajar y tocar su modus vivendi. Pero esta es otra historia.

Habiendo hecho suficiente tiempo y bien comidos, llegamos de nuevo al consulado. Esta vez si nos atendieron, pero el médico/consul tenía su despacho desde su consultorio y lejos estaba, tecnológicamente hablando, de poder tramitar cualquier documento burocrático. Nos contó que la única opción que teniamos era volver a La Paz, el principio mismo de nuestro viaje, directamente a la Embajada Colombiana y allá nos darían un pasaporte temporal que salvaría nuestra gira. Una vez más, el éxito se escurria de nuestras manos, empañando nuestros planes.

Y teniamos concierto al otro dia a más de 20 horas de viaje. No teniamos mucho tiempo de pensar, sólo de comprar tiquetes. Con Juan ya al borde de un soponcio, salimos a buscar algún bus que nos llevara a Tarija. No contabamos con que el 1 de mayo era festivo internacional, y que el paro afectaba irremediablemente la salida comercial de transportes. No pudimos salir y nuevamente nos enfrentabamos a un inconveniente terrible.

Tras informar de la situación buscamos un hotel, ya no podiamos más. En la mañana ya pensaríamos qué hacer.

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