Al otro dia llegamos a la decisión de que debía tomar vía aerea camino para Tarija para cumplir con la responsabilidad que habiamos adquirido, mientras Juan salia para La Paz donde lo esperaría una persona de confianza. Habíendo ultimado preparativos para llevar a cabo este plan, lo pusimos en marcha.
El glamour de los aeropuertos ya era apenas un vago recuerdo para mi, habituado al bullicio y movimiento de los terminales terrestres.
Ya tenía suficiente apariencia extraña con cabello largo y boina negra de gamuza, como para que el aspecto de viajero que se impregna cuando se ha realizado un viaje tan largo y por tanto tiempo -incluso la piel se torna "color viajero" un amarillo anaranjado opaco muy curioso- completara la combinación y me presentara como un ser extraño en los inmaculados pasillos del aeropuerto de Cochabamba.
Los costales de comida, las gallina y cabras, los atuendos indigenas y los niños durmiendo en el pasillo son reemplazados por teléfonos móviles último modelo, bolsos versace de cuero y los "Very Nice !" de los gringos ante los nevados bolivianos. La población indigena, mayoritaria en Bolivia, es apenas un breve rumor en este tipo de espacios donde la apariencia y los astronómicos costos abren la brecha social recordándole al pueblo quienes son los que finalmente disfrutan de la deidad impuesta por el capitalismo: el dinero.
Un mundo de ilusión, sin duda. Teniendo que hacer trasbordo en La Paz para tomar un vuelo directo a Tarija, significaba tener que realizar en una hora la misma aventura que nos había tomado más de 30 horas de viaje terrestre, durante la extensión de una semana de nuestras vidas. Sólo en una situación así es donde se evidencia cuanta razón tenía Homero en su inmortal Odisea, porque viajar y llegar no son, ni serán sinónimos jamás. Viajar es alimentarse de un pueblo, beber de su cultura y mimetizarse con el camino. Llegar es ver el final de la pelicula antes de enterarse del resto.
Mientrás en cámara rápida transcurría toda nuestra campaña boliviana por la miniatura ventana del avión, observé la cantidad de gente que portaba tapabocas por temor de adquirir la gripe porcina, ahora rebautizada para evitar tergiversaciones de sus formas de contagio. Quizá sería más apropiado llamarla "Paranoia porcina". Mientras la humanidad se extermina a sí misma en cualquier rincón del planeta, la producción de armas nucleares es cada vez más significativa y los recursos naturales son abusivamente malgastados; menos de 200 personas mueren victimas del cerdito y ya representa un pandemia apocaliptica capaz de causar el fin total de la raza humana. Qué curiosos mecanismos tiene la sociedad para animar su inclemente rutina.
Finalmente me reencontré con los demás muchachos en Tarija, ya dispuestos a cumplir con nuestro itinerario por última vez en Bolivia, y mañana, partir para Argentina. Tendremos que tocar con una baja por primera vez, pero en cuanto Juan pueda volveremos a Bolivia por él y continuaremos nuestro trayecto, pudiendo sopasar por fin este contratiempo.
que historia mas triste!!!Pero no se preocupen que detras de una cosa mala vendran muchas buenas!!! Exitos en su gira...
ResponderEliminarmuchachos, los felicito por su tenacidad,toda esta experiencia los ayuda a madurar y a valorar todo lo que tienen y lo que son, animo los espera muchos exitos, lo importante es seguir unidos suerte muchachos. adelante.......
ResponderEliminarpatricia, ciro y juan carlos
Cuando seguimos paso a paso, las diferentes peripecias que han tenido y que en hermosa y deliciosa descripcion nos vas relatando, toma vigencia aquel pensamiento de autor anonimo que dice: "Hombre maduro, es aquel que ve el obstaculo,y pasa sobre el, sabiendo que esta experiencia, dara seguridad a su existencia."
ResponderEliminarFelicitaciones y muy arriba los animos, que la meta esta cerca.
Un abrazo a todos.