Faltando un día para finalizar nuestra estadía en Valparaíso, logré contactarme con Carlos Toro, de la productora audiovisual Abysmo -Con trayectoria internacional de significativo peso- y con quién logramos un trato que representaba todo un reto profesional para todos los involucrados: grabar un videoclip completo, de pre-producción a realizar tomas completas, en un solo dia. Yo ya conocía su portafolio, y aprovechando los parajes de la población de Quilpué -A 10 minutos de la célebre Viña del Mar-, decidimos asumir el desafío y tirarnos al ruedo.
El resultado fué un éxito supremo. En estas condiciones la preparación previa juega un papel vital, los muchachos respondieron genialmente y las tomas realizadas que involucraban a la banda fueron realizadas en planos ideales en un solo dia, lo que parecía imposible en un principio. Sólo falta esperar el resultado final de post-producción, el cual lo asume el director, y del cual confio plenamente.
A pesar de que la inversión no fué realmente significativa para el enorme trabajo que constituye y quedará -Sobre lo cual me muestro particularmente agradecido con Carlos y la productora- el cuádruple valor del peso chileno sobre el colombiano crea una imagen ficticia del gasto, en un país que es, a todas estas, justo unas 4 veces más caro comparación a todo lo que hemos visitado. Esto, por supuesto, no podría más que producir un inmenso desfalco en nuestros presupuestos personales en unos pocos dias.
Con unas finanzas organizadas que me han permitido sobrellevar con cierta sobriedad los inconvenientes que se han presentado, Ad portas de nuestro viaje a Iquique -El más largo en términos geográficos de la gira- en mente ya había diseñado un plan que me permitiría vivir con soltura nuestra última estancia en Chile. Por esta misma razón fue una gran sorpresa que mi tarjeta de crédito no fuera aceptada en este país, dejándome en una situación de preocupante escasez. Habiendo dejado mis últimas reservas de efectivo en el costosísimo pasaje a Iquique, sin un centavo para adquirir alimento alguno empezó la cuenta de mis 48 horas más terribles del viaje.
La determinación, requisito indispensable para toda cruzada individual, toda lucha colectiva, todo periodo vital humano. Además, único salvavidas que evita caer presa de la desesperación. El éxito, la fama y la gloria, diosas que seducen y embriagan con sus cantos como anzuelos, que una vez atrapan su presa ilusionada la conducen por caudales de tal aleatoriedad que resquebrajan los nervios por más acero que contengan, arrugan corazones por más rugidos que produzcan.
El intenso frio, el cansancio, la falta de sueño, el impacable hambre, la máquina roncante ambulatoria que tenía de compañero de asiento en las 6544562890654 horas de viaje y el estrés que todo lo anterior combinado produce son apenas una escaramuza en una vida de batallas, una tras otra alimentadas úniucamente por determinación, la de perseguir a toda costa y a todo precio aquel grial que consume a todo artista, la única recompensa plausible y satisfactoria para la lucha de toda una vida: la inmortalidad. La de aquellos a quienes Herman Hesse les ha reado su propio país, aquellos cuya envoltura corporal ha retornado a la naturaleza, pero su legado es tal que perdura más allá de todo límite físico y temporal.
En el camino por alguna feliz coincidencia de una red desamparada y ermitaña logré enviar un SOS virtual a colombia, con la misma ilusión del naufrago que manda una botellita al mar con un pequeño mensaje en su interior. Por fortuna los tiempos han cambiado y con ellos las comunicaciones, pronto llegaría ayuda de Colombia y me daría un banquete digno de tanta espera. La recompensa tampoco faltaría: Iquique se extendía ante nuestros ojos como una ciudad costera turística y paradisíaca, suficientemente al norte en el mapa chileno como para dar el esperado calor reconfortante que merece un buen chapuzón en la playa. Una vez allá, el disfrute se apoderó nuevamente de nosotros, jugamos fútbol nuevamente contra unos locales; enterándonos que nuestro estado físico ha estado lejos de mejorar, aunque esta vez si saboreamos el dulce sabor de la victoria. La playa, la suave arena y las atracciones del mar son suficiente remanso, más esperándolas por tanto tiempo.
Antes de salir de Chile destino Perú nos dieron una intempestiva noticia que cambiaría la configuración actual de nuestro viaje: Rompiamos relaciones con la agencia que nos representaba, y siendo así, el tour manager que nos acompañaba volvía a Colombia, quedando nosotros por nuestra cuenta. Continuo con el relato en la próxima entrada.
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