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martes, 19 de mayo de 2009

Problemas en la frontera

Mendoza, nuestro dia. El poder adquisitivo de una ciudad costosa en un país aún más costoso es evidentemente superior en cada detalle del día a día económico, lo cual se inclinó a nuestro favor al traducirse en una exitosa venta de nuestra música durante el show. Así mismo, un país con tal apertura comercial y cultural tenía amplias posibilidades de recibir con beneplácito una propuesta musical mayormente experimental, tal cómo afortunadamente ocurrió. Una breve tertulia con los asistentes nos comprobó la gran amabilidad argentina, muy lejos de la tan mentada petulancia que normalmente se les atribuye en mi país.

No todo fue tan positivo cuando intentamos cruzar la frontera para llegar a Chile. El primer golpe fue en el terminal de Mendoza, minutos antes de pagar el tiquete de bus: "Deben llevar una bolsa de 600 dólares por persona para gastar en Chile, o el cupo equivalente en tarjetas de crédito" Vociferó la vendedora de CIFA, reconocida empresa de transportes argentina. Sobra decir que nadie tenía tal cifra tan absurda en efectivo, y no todos llevaban dinero plástico para al menos realizar una simulación. Llamamos a la oficina de migración en Mendoza y no nos dieron información precisa, y en internet encontrábamos datos que se contradecían unos a otros -Una constante en términos diplómaticos es el agujero negro que siempre absorbe la información relevante a migración, un fenómeno inexplicable aún para la astrofísica moderna-

Decidimos asumir el riesgo. Nos íbamos para Chile no importando que nos dejaran en el camino los agentes de Aduana. Habiendo llenado los papeles reglamentarios en el bus y encomendados a todos los dioses ateos, temerosos hasta la médula llegamos a la frontera.

Bien, tanto suspenso no pasó a mayores. Finalmente no había ningún requisito adicional para ingresar a Chile, por alguna extraña razón la mujer de los tiquetes nos había mentido. Ahora sonreíamos ampliamente pensando que la pesadilla habia acabado. Y no era para menos, las leyendas y mitos que nos llegaban de tantas bandas que no habían podido pasar a Chile por una u otra razón nos tenían al borde de la paranoia. Y nosotros lo habíamos superado con un suspiro de esfuerzo. O eso pensábamos.

Cuando nos disponiamos a celebrar nuestro triunfo con una monumental dormida camino a Santiago de Chile, la policia de aduana paró el bus e indicó a todos los pasajeros descender para la revisión de narcóticos y elementos de contrabando. Bien, ahora empezaba el cristo -ateo- a padecer. Mis platillos de la batería fueron los primeros en quedar estancados en el primer filtro de rayos x. "Deben declarar esto" Argumentó una mujer rubia encargada de aduana, ya que según ella, tenían fin comercial y no de estudio. Uno a uno los instrumentos representaban un problema, a pesar de nuestras múltiples explicaciones sobre su futuro y pasado uso. Estaban evidentemente desgastados, y aún así nos costó un esfuerzo enorme convencer a nuestro "comité de bienvenida" chileno de nuestros verdaderos propósitos en el país austral.

Y eso no fue todo. Cansados y malhumorados, al retornar nuestros pasaportes a nuestras manos nos percatamos que en la supuestamente fácil migración solo nos habían otorgado un plazo de 8 dias para cumplir nuestro itinerario, el cual ocupa mínimo 15. Mientras nos mirabamos estupefactos, nos dieron la estocada final: "Uds. cuatro -señalando con el dedo a 3 de los muchachos y a mi-, vengan conmigo" Nos gritó un policia con un can.

Lo que prosigue recuerda a esos interrogatorios hollywoodenses en los cuales hay un policia bueno y uno malo, que advierte sobre los peligros de no "confesar" un crimen. También estaba el minúsculo cuarto mal iluminado, y hasta podría jurar escuchar la música de suspenso como banda sonora de la increíblemente absurda escena.

"¿Tienen Uds. droga?" - Nos preguntó, con una seriedad tan sobreactuada que no pude evitar la escapatoria de una sonrisa.

"No" - Al unísono.

"Pero consumen". - Replicó

"No" - De nuevo.

"Les advierto que si encontramos algo quedan detenidos". Amenazó

"Ok" - Ya visiblemente molestos.

Acto seguido una innecesariamente larga requisa, la cual tuvo como botín unas medicinas homeopáticas y una pasta para soldar con cautín. Es decir: nada. Ante tal absurdo, Juan preguntó: "¿Cuénteme, esto lo hacen por colombianos, rockeros, o mechudos?"

"Pues en Colombia es donde más consumen. Y Uds. saben, no se puede hacer rock sin fumar" Musitó, en una frase digna de ser recordada. "No se vayan a ir con una mala impresión de Chile por los policias de aduana" - Sonaban en el corredor las palabras de nuestros amigos chilenos de Cochabamba, tal veraces y premonitorias.

Estando ya en Talca, realizamos todas las averiguaciones del caso y la ampliación del plazo es un trámite sin relevancia. Con un ingreso per cápita mayor que el resto de naciones del subcontinente y una carretera para ingresar al país de casi 90 grados enteros de inclinación, Santiago de Chile es un país del "segundo mundo". Los vinos de exportación son tan baratos como los alfajores argentinos, y la comida, espectacular. Talca es, dicho sea de paso, nuestro destino geográfico más al sur que visitaremos. Esto quiere decir que todo paso que se tome, todo camino que se conduzca a partir de ahora, será camino a casa.

Hasta pronto.

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