“New York is a different country. Maybe it ought to have a separate government. Everybody thinks differently, acts differently –they just don’t know what the hell the rest of the United States is”
Henry Ford
(Si decidiera ser una nación independiente, New York City sería una de las 15 principales economías del planeta)
Decidido a perturbar la copiosa tranquilidad con que reposa este blog, irrumpo con breves líneas de bitácora dedicadas más a registro personal que para los ojos de dos o tres personas que usarán internet para objeto distinto a garrapatear felicitaciones virtuales para festividades decembrinas. Aclaro que nada tiene que ver esta ocasión con LOF, y que probablemente no haga demasiada alusión a esa banda, ni los planes cuya inminencia abruma.
El destino vira hacía New York, la misma donde George Washington juró como primer Presidente de los Estados Unidos en la historia, la que durante fines del siglo XIX y casi todo el XX recibió tantos inmigrantes que hoy encontramos más de 170 lenguas habladas en dicha ciudad. Si Washington es el corazón del poder estadounidense, New York es la arteria principal del capitalismo mundial. Un estornudo de la bolsa en la década de los ’20 generó la peor crisis económica global de la que se ha tenido registro, y la destrucción de sus pilares financieros –pilares literales- desembocó en el peor golpe jamás dado a una potencia mundial de la era moderna.
La cuna del jazz, del hip-hop y del punk, fue allí donde Jackson Pollock inmortalizó el expresionismo abstracto y también donde King Kong trepó los rascacielos amenazando la civilización occidental. Quizá el único detalle más importante que su historia recaiga en la idea de New York como la ciudad arquetípica por excelencia de la post-modernidad. Es decir, cada que alguna otra urbe del mundo habla de “progreso”, se refiere a avanzar hacia la asimilación de las características cosmopolitas que sólo puede representar la que culturalmente es la insignia indiscutible de la “tierra de la libertad”. Parecerse a New York es el objetivo, al menos en un plano conceptual, de cualquier otra ciudad del mundo.
Lo anterior se traduce en un viaje que quizá vale la pena documentar. Si visitar a Van Gogh y Remdrandt en el MeT –Museo Metropolitano de New York, siglas en inglés- puede parecer interesante, verificar a cuenta propia las mieles de la cumbre del consumismo es un imperativo vital. Y qué mejor fecha que un 31 de Diciembre. Ya que el viaje tardará toda la noche, la primera entrada la haré a principios de Enero. Hasta el próximo año, entonces.