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sábado, 1 de enero de 2011

Diarios de New York - Suceso inesperado y algunas observaciones

Los titulares del caos en la Costa Este de los Estados Unidos –especialmente New York- han estado llevando a cabo una disputa informativa en los diarios colombianos frente a la eliminación de Pedro Guerrero Castillo, líder de las Erpac –acrónimo para “Ejército revolucionario popular antisubversivo de Colombia”- y que era conocido con el seudónimo de “Cuchillo”. Justo debajo de las pregonas y vitores oficiales se podían observar viajeros de todo el mundo arribando a New York en esfuerzos monstruosos por transportar sus maletas en la densa nieve, acompañado de testimonios donde comparaban al JFK –uno de los tres aeropuertos de NY- con un campo de refugiados. Desde ese preciso lugar, el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy, comienza el relato aquí narrado.

Si Estados Unidos fuera Bogotá, la nevada registrada a principios de semana –catalogada como la más fuerte en muchas décadas- habría dejado un saldo espantoso de muertos y heridos, caos reinante con osos polares gobernando las calles y pingüinos deslizándose por los túneles congelados. Aquí ya la ciudad funciona en completa normalidad, aunque los cúmulos de nieve se apilan formando grandes columnas continuas alrededor de las principales carreteras. Por cierto, el espectáculo de la nieve es sobrecogedor. Aún no he tenido la oportunidad de verla caer en copos, pero las figuras que dibuja sobre el asfalto, los pórticos, los andenes, las corrientes de río blanco estático impregnando la existencia de cada objeto animado e inanimado que colma cada milímetro de urbe con un atractivo poético.

Mientras el avión buscaba plaza para estacionarse, dejaba entrever por las minúsculas ventanas lo que había sido un campo de batalla contra la blanca naturaleza del invierno. Lamentablemente, el instante de contemplación fue rápidamente reemplazado por el afán de los viajeros, para quienes parecía depender sus vidas dejar la nave tan rápido como era posible y retornar a sus cotidianas rutinas. Ya una vez en el descomunal aeropuerto, la fila para inmigración y el elocuente “We are the face of our nation” que rezaba impasible como lema fervoroso del pie de fuerza de los encargados de inmigración era lo único en que se podía pensar. Tras una entrevista corta, a mi padre le dieron orden de seguir por el equipaje, mientras que a mí –para no perder la costumbre- se me llevó con paso lento y aterrador a una deprimente sala de inspección secundaria de pasaporte.

¿El motivo? Que igual que en aquella visita a la lejana y querida Valparaíso, aparecía registrado un homónimo mío, nombres y apellidos exactos, aunque esta vez con un registro criminal. Ya que se había dado orden presidencial de extremar la seguridad de los aeropuertos de Diciembre, cualquier detalle, por mínimo que pareciera, debería ser reportado e investigado exhaustivamente. Así pues, se me aisló en una sala sin poder avisar a nadie de mi paradero, mientras que me interrogó extensamente sobre mis actividades e intereses, a cargo de un gringo que reunía todas las características que tanto odio de los gringos: Obesidad mórbida, pedantería inspirada en el nacionalismo, y profunda, muy profunda estupidez. Y por si fuera poco, sazonaba su marcadísimo acento de campesino sureño con una boca rellena de pretzels a medio masticar.

Yo me batía cual león frente a cuanta pregunta me lanzara, mientras trataba de lograr que me dieran un espacio para poder avisar en la situación que me encontraba. Mi padre mientras tanto, en una especie de sincronía no acordada, comenzó a mandar a cuanto funcionario del aeropuerto se encontraba a averiguar sobre mi suerte. Al cabo de un tiempo, finalmente el oficial que estaba a cargo se preocupó al ver que una fila de sus compañeros se apilaban a preguntar qué había pasado conmigo, oficiales de Avianca incluídos, y finalmente desistió estampando el sello necesario para la entrada.

Afortunadamente la desafortunada impresión fue borrada por la descomunal metrópolis que se desplegaba ante mis ojos. El detalle, la pulcritud y el civismo es todo lo que se ve, y los pocos malestares de tráfico son ocasionados por accidentes a causa de la bajísima fricción de la nieve ya asentada en el pavimento. Los gringos por esta región del mundo suelen ser amables hasta la ingenuidad, en un destino donde la malicia indígena es un mito de tierras lejanas. Y por supuesto, los “Happy new year!” se escuchaban en todos los rincones. Por cierto, Las 12 de la noche del 31 de Diciembre nos tomaron en el avión de venida, donde nos agasajaron con champaña, cena con buñuelos, natillas y felicidades de las mujeres de avanzada edad que rodeaban mi silla en el avión.

Qué fecha curiosa aquella. El 31 de Diciembre ovacionamos que nuestro planeta ha regresado a unas condiciones más o menos similares en términos de posición al lugar donde se encontraba hace un año, dibujando una órbita elíptica alrededor del sol. Eso no suena tan emocionante a celebrar “una nueva etapa”, o “una nueva época de prosperidad y nuevos propósitos”, pero es lo que es. La cuestión es que un evento cósmico de esas proporciones no tiene mayor injerencia sobre los asuntos cotidianos de los terrícolas, lo cual reduce a mera cortesía la tan amable sentencia de buenos deseos para el próximo año –muy a nuestro pesar-.

Y no sólo el movimiento de traslación no tiene certeza sobre los destinos particulares de los humanos: Ningún otro suceso la tiene. Desde que el principio de incertidumbre derrumbó el determinismo científico –el cual aseguraba que ya que detrás de cada efecto había una causa, era posible predecir con exactitud eventos futuros- nos enteramos que sólo es posible medir probabilidades de diferentes escenarios a partir de unas condiciones iniciales dadas, y en algunos casos con un éxito muy dudoso –como los pronósticos del tiempo-. Es decir, no podemos predecir el futuro. Y gracias a Einstein y su teoría de la relatividad especial, sabemos que debido a que la condición para que un evento B sea consecuencia de uno A, tiene que existir un periodo medible en tiempo, lo cual llega a la inevitable conclusión que aún con los descubrimientos de Emmett Brown en el clásico de ficción “Volver al futuro”, no es posible regresar al pasado, ni influir de manera alguna sobre eventos ya ocurridos.

Sin estar en la capacidad de predecir el futuro ni modificar el pasado, sólo nos queda una posible opción: Carpe Diem, quam mínimum crédula posterum.

Volviendo a New York, lo poco que he podido apreciar hoy aparte de lo meramente estético es que la degeneración que ha desatado la obsesión moderna con la inmediatez en la alimentación ha desencadenado que los supermercados ofrezcan la mitad de sus productos en formato “cena preparada”, congelado y preservado con métodos poco naturales hasta su posterior preparación instantánea en micro-ondas. También que el adoctrinamiento para el acatamiento de la autoridad y confianza en el Estado es tan excesivo que la conducta cívica no ocurre espontáneamente, sino por temor a la represión -que suele ser inmediata e impasible ante cualquier infracción-. Otro dato interesante es que una simple chaqueta puede costar casi 1,500 dólares sólo por ser de cuero, un lujo absoluto por esta parte del planeta.

P.D.

Hoy 1 de Enero ocurre también otro hecho extraordinario: Se cumple legalmente la totalidad del segundo mandato del Presidente más popular en la historia del Brasil; Lula Ignacio da Silva. La historia de este hombre –que automáticamente sería reclamado por los capitalistas como un “self made man”- es cuando menos, alucinante. Su discurso de llegada al poder incluía un emotivo “Y a mi, que tantas veces se me criticó carecer de título universitario, se me otorga ahora mi primer título, el de Presidente de mi país”.

Y es que no sólo nunca pisó una Universidad, este hombre –hoy mito- no llego a culminar siquiera el quinto grado de primaria. Estoy hablando de la misma persona que acaba de ser portada de la revista “Time” bajo el superlativo eslogan de “El líder más influyente del 2010” ¿Puede esto representar de manera contundente que el liderazgo nada tiene que ver con la educación presentada bajo el adjetivo de “formal”? Esa sería una muy oportuna pregunta para quién delega en su protegida el poder, ostentando además un nada despreciable 87% de aprobación popular.

4 comentarios:

  1. hola monito... que lindo escribes la vena de tu abuelito no se a quedado en el olvido.. te felicito...que pena lo sucedido en el aeropuerto.. me alegra que todo este bien... aquí desde Colombia te mandamos muchos saludos para ti.. y tu papa...nos isieron mucha pero mucha faltica... fue difícil acostumbrarnos a esta nueva decisión de ustedes.. pero bueno sabemos que todo volverá a la normalidad... feliz viaje... besitos.. de tu tía..tu abuelita.. sebas y los demás.

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  2. Será que en Bogotá puede funcionar eso de que la "conducta cívica ocurra por temor a la represión"? Espontáneamente no surge y si es por educación parece que aquí la gente tiene memoria de pollito xD O como Homero, que cada vez que aprende algo nuevo desplaza algo viejo xD

    En cuanto a lo del cuero me parece fantástico….recuerda “Fur is Death” u_u

    Que te diviertas mucho en tu viaje :D

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  3. ¡Hola a todos en Cali! Me alegra mucho que estén leyendo, hoy me enteré por cuenta de mi padre que estaban pendientes del blog. Voy a publicar algunas fotos y videos principalmente en el perfil de Facebook, para que le pregunten a Sebastián. Un saludo a todos, ya nos estaremos comunicando.

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  4. Lo que pasa Saydeé, es que por las condiciones sociales en Colombia hay más personas que optan por la criminalidad, y la fuerza policial no da a basto, mucho menos para delitos pequeños como pasarse un semáforo en rojo. Aquí, como se gana bien trabajando en cualquier cosa, el delito es mucho más infrecuente y los policias se aburren haciendo nada. La semana pasada salieron dos carros de bombero y una hilera de patrullas de la policía porque un gato se había subido a un árbol y estaba asustado. Allá al pobre de Garu nos tocaría salvarlo nosotros.

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