Sitio web:

Visita mi sitio web: www.jcvasquez.com

miércoles, 3 de julio de 2013

Sobre Rock al Parque

En vista del interés generado por este tema, me tomo la libertad de hacer algunas consideraciones de Rock al Parque, saliéndome un poco de la línea habitual de mi blog personal:


1.)

Al ver el balance de asistencia es claro que apostar por el metal es asegurar público. La pregunta lógica es ¿Por qué no se incluyeron entonces más bandas de metal desde la selección por convocatoria? La respuesta deja mucho que pensar, y viene de Daniel Bergstrand, transcribo sus palabras: "(…) Por alguna razón buena parte de las propuestas de metal no estaban a la altura de lo esperado. Desde mi punto de vista esperaba algo distinto. Noté falencias, especialmente en lo concerniente al trabajo vocal (…) otras tendencias tuvieron mejor nivel." (Ver la entrevista aquí: http://www.youtube.com/watch?v=f5gursA2flM)

Daniel Bergstrand

Daniel Bergstrand fue jurado de Rock al Parque, y además ha sido productor e ingeniero de bandas como In Flames, Dimmu Borgir, Behemoth, Dark Funeral, entre muchas otras. Contar a una persona de esa naturaleza entre los jurados es un lujo que ni siquiera se habría podido soñar en años anteriores, y puede que algo de razón tenga. 

Un servidor concuerda, y opina, con absoluto respeto, que además del dominio técnico del manejo de la voz (es el instrumento más importante), la pronunciación en inglés debe ser muy cercana a un hablante nativo. He tenido que ver de primera mano como en Estados Unidos e Inglaterra rechazan propuestas excelentes, pero imposibles de comercializar puesto que la pronunciación no permite que la canción convenza al público de estos dos países (Número 1 y 2 en consumo de música en el mundo, respectivamente). En ese y otros aspectos de calidad de producción, otras géneros si aventajan al metal en Colombia, y ciertamente fue algo que tuvo gran influencia al momento de decidir la proporción de las bandas más extremas en el festival. 


2.) 

Durante la gira suramericana de Legacy of Fire del 2009, en cada uno de los países a donde llegábamos nos preguntaban, con envidia, si era cierto que en Colombia teníamos un festival inmenso y gratuito donde el metal era la prioridad. Nosotros decíamos "Sí", con gran orgullo. Rock al Parque es algo fenomenal, admirado por muchos, sin asistencia o con ella, y nada más por ello vale la pena conservarlo y trabajar en comunidad para mejorarlo. 

La mejor forma de empezar es poner los pies sobre la tierra. Aquello de "El festival más grande de Rock de Latinoamérica" (sin la palabra "gratuito" y "aire libre"), no es cierto, no se le puede seguir llamando así (tanto medios como público) porque se pierde la objetividad, la perspectiva, y los errores se dilatan y se distraen en asuntos sin importancia como el diseño de un cartel. El festival de Rock más grande de América Latina (y del mundo) se llama "Rock in Rio", que logró reunir a 1,5 millones de personas nada más en su primera edición. Rock in Rio es legendario en todo el mundo, y para dar una idea, aquí en Inglaterra ir a tocar a Rio de Janeiro el sueño último de muchos de los rockeros, mientras al mismo tiempo, muchos aquí tienen dificultad para siquiera ubicar Colombia en un mapa. Pero eso no debe coartar la motivación en lo absoluto, sino debe trazar el camino a recorrer. 

Rock in Rio, horas antes de la presentación histórica de los Rolling Stones


3.)  

Illya Kuryaki & The Valderramas era el gran plato fuerte no-metalero del festival, ante lo cual es perfectamente entendible la baja asistencia. Una agrupación que tuvo su apogeo en los 90's (hace 20 años) y que se benefició solamente de éxito regional no representa para muchos ni siquiera aliciente para aguantarse las requisas de la policía a la entrada del Simón Bolivar. Aún si se tuviera que quitar uno de los tres días del festival, desistir del experimento desastroso de exportar el festival a México y diseñar el afiche del evento en word con letra comic sans, lo primero y más importante es que es absolutamente necesario traer a una banda de peso, una de aquellas que han alcanzado el estatus de leyenda viviente. En Septiembre, Rock in Rio (qué vuelve a Brasil luego de andar de gira por Europa), tiene en el cartel a Metallica, Iron Maiden, Muse, Bon Jovi, Slayer, The Offspring, entre muchos otros nombres de igual bagaje. Frente a esos nombres, Illya Kuryaki queda más o menos relegado al mismo estatus de Pipe Bueno.

Para poner un ejemplo más proporcional, la semana pasada tuvo lugar aquí en Inglaterra el festival de Glastonbury, que no es ni mucho menos el más grande e importante del país. Mal contados, van la mitad de asistentes que van a un Rock al Parque promedio. Aún así, la cabeza de cartel eran los Rolling Stones (entre muchos otros, claro). Para dar un ejemplo extremo de recorte de gastos, un Rock al Parque de un solo día compuesto de bandas exclusivamente nacionales por convocatoria y cerrando con los Rolling Stones (habría que poner alguna banda de metal famosa en la mitad para que la gente no sólo vaya al cierre), con toda seguridad registraría el mayor índice de asistencia en la historia. Ahí si se aparece hasta el mismísimo Pipe Bueno. 

Pipe Bueno. ¿Cómo es que semejante personaje logró hacerse famoso?



Evidentemente el festival ideal debe ser balanceado, dar gusto y espacio a las vertientes con influencias del rock (así no parezcan tan obvias), pero siempre con el criterio de tener un balance correcto de bandas nacionales e internacionales de trayectoria. Ojo, en el siguiente Rock in Rio tocan Slayer y Sepultura, pero también Beyoncé y David Guetta. Evidentemente todo no se puede cuando se desea mantener gratuito, pero también es cierto que un festival de mayor visibilidad internacional por su atractivo en asistencia y trascendencia atrae a patrocinadores de mayor chequera. Y esto se logra mediante la ambición de traer bandas verdaderamente grandes. 

jueves, 21 de marzo de 2013

Diarios de Londres - Primera entrada

"Why, Sir, you find no man, at all intellectual, who is willing to leave London. No, Sir, when a man is tired of London, he is tired of life; for there is in London all that life can afford."
— Samuel Johnson
“Porque, Señor, no encontrará Ud. Hombre, de alguna manera intelectual, que esté dispuesto a dejar Londres. No, Señor, cuando hombre se ha cansado de Londres, se ha cansado de la vida, puesto en Londres está todo lo que esta puede ofrecer” – Samuel Johnson.
Samuel Johnson, uno de los escritores y críticos más notables del espectro británico, comentó alguna vez lo anterior en una de sus conversaciones con su amigo de antaño, James Boswell, oriundo de escocia y abogado de profesión. Boswell, con poca habilidad para los tribunales, se ganaba la vida viajando por ahí y entrevistando a gente famosa (Como Voltaire, Rousseau o Hume); tomada algunas notas que luego organizaba y publicaba en textos con los que esperaba ganar celebridad. Por ironías de la vida, no fue sino hasta cuando escuchó a Samuel Johnson y se estableció en Londres que se enfrentó, primero a su más grande fracaso como abogado, y segundo a su más grande logro como escritor, al publicar “La vida de Samuel Johnson”. A fin de cuentas, tal pareciera que Londres si tuvo todo lo que la vida le podía ofrecer, desventuras y fortunas por igual.

James Boswell
   

 La frase, no obstante, se refiere a la condensación de “mundo” que hay aquí, lo cual en la práctica habrían varias estadísticas que lo soportarían. Londres es, por ejemplo, la ciudad más grande de Europa, fue el epicentro del Imperio más extenso que la historia ha tenido registro (6 veces más grande que el romano), es considerablemente más antigua que cualquier ciudad norteamericana (fue fundada en el año 43) y también es la más visitada del mundo por turistas. Es por ello que no sorprende, por ejemplo, que en Londres se hablen la ridiculez de 300 idiomas (frente a los cuales palidecen los cerca de 170 de Nueva York), que tenga más datos, obras, registros y objetos del antiguo Egipto que el mismo Egipto, y una arquitectura espléndida no-unificada, un portafolio miniatura de cómo el mundo a avanzado en esa materia a lo largo de su historia, desde la muralla romana que dio inicio a la ciudad, pasando por los vestigios majestuosos de la era imperial y terminando en el edificio más alto de Europa fundado apenas el mes pasado.

¿Y cómo se llega a semejante maravilla?, ese es quizá el más grande inconveniente. Las dificultades que comprenden la nacionalidad de origen –la mía particularmente- son barreras tan infranqueables como las mismas que separan la opulencia de la escasez, la acumulación de la carestía. La burocracia migratoria es tan demencialmente prolongada, ardua y confusa que tan sólo los trámites iniciales presentan un reto que inevitablemente guía hacía la frustración, y lo que es peor aún, la falta de información y tiempo de procesamiento son equiparables a una tortura psicológica que pareciera estar diseñada meticulosamente para minar día a día las aspiraciones de establecimiento en un país extranjero. Es verdaderamente comprensible, a este punto, el por qué la sola idea de iniciar una aventura de esta naturaleza produzca un terror inmediato en el grueso de la población, por que a fin de cuentas, obtener el permiso para salir del país, aún con la dificultad titánica que significa, es tan sólo el prólogo a adentrarse en un mundo inexplorado e incierto, donde las capacidades individuales y adaptativas serán puestas a su mayor prueba. Superado aquello y tras sentirse como haber ganado una medalla de oro en las olimpiadas, apenas comienza la historia.

 La palabra “aventura” casa bien cuando se adquiere un tiquete de una sola vía hacía un país que nunca antes se ha visitado. También encaja cuando se trata de recompensas sólo equiparables a su dificultad: 8,500 km y un océano entero separan a Bogotá de Londres, pero el Támesis tapizado en sus periferias de nieve da la bienvenida ofreciendo un espectáculo superlativo, como nunca antes mis ojos viajeros habían podido apreciar. La rutina del transporte público es frecuentemente embellecida por el contraste dramático de cientos de años de historia dibujados en la arquitectura, que sin embargo, se las arreglan para coexistir en armonía. Lo primero que me preguntaba con frecuencia era si llegaría el momento donde dejaría de maravillarme con lo que veía alrededor. La respuesta fue cortesía de JMW Turner, la mayor gloría artística de esta nación: Nacido y fallecido en Londres, las imágenes de su ciudad fueron tema frecuente de su obra, una y otra vez, mutando a la vez que su estilo viajaba años en el futuro distante de la historia del arte. Nunca dejó de admirar su metrópoli natal.

Vista del Palacio de Westminster desde Trafalgar Square
Históricamente, las autoridades londinenses han hecho un gran esfuerzo por organizar metódicamente al flujo masivo de personas que viven y viajan todos los días por las calles de la capital. El transporte público es ridículamente costoso, pero es sin duda, el más ordenado y eficiente que jamás he visto. Los tradicionales buses rojos –los únicos que hay- no se expandieron horizontalmente, sino incluyeron un segundo piso, ocupando el mismo espacio en la vía pero llevando casi el triple de capacidad. Las vías de tren no son un recuerdo empolvado de un pasado distante en forma de policía acostado, sino fueron renovadas y adaptadas para llevar londinenses por toda la ciudad con tiempos exactos. Y el metro, el preferido por el grueso de la población, fue nombrado como prioridad desde el principio de los tiempos, y así lo ha sido por 150 años que lo hacen el más antiguo del mundo.

 La cuestión de la seguridad también es muy peculiar. Se podría esperar que en la única ciudad de Inglaterra donde los ingleses son una minoría étnica (46% de la población), la explosión demográfica sea de tales proporciones que controlar el crimen sea en extremo complejo. Pero no lo es, de hecho es muy raro ver a un policía patrullando las calles. Y lo que es más raro es ver a un policía armado. Así es, aquí nadie tiene permitido cargar armas de ningún tipo, ni siquiera la mayoría de los agentes de policía. ¿Cómo hacen entonces para no matarse los unos a los otros? Por un lado parecieran haber comprendido que la mejor manera de arreglar una disputa no es la violencia (o no tienen con qué matarse, qué sería más obvio), y por otro, más importante, es que en Londres hay cámaras. Miles. Se calcula que una persona que camina por el centro es filmada 800 veces por día. Y con un tiempo de respuesta de 3 minutos para cualquier rincón de Londres, la policía es el ojo vigilante que nunca duerme.

 ¿Pero hay miedo a las fuerzas de seguridad del estado o a cualquier otra amenaza? En lo absoluto. “Miedo” no es un término que aplique aquí de la manera como lo interpretamos quienes hemos crecido en medio de guerras que deshumanizan a todas las partes del conflicto. Los policías son usados como guías turísticos y el tener cámaras vigilando es algo que se olvida tan fácilmente como el tener cuidado al usar aparatos electrónicos en la vía pública. Los indigentes –si, también hay indigencia, aunque tienen casa y probablemente carro- piden dinero de la manera más respetuosa que el idioma hablado permite. En los trenes, invitan a los pasajeros a no dejar abandonados sus objetos personales, pero no por que se los pueden robar, sino porque se pueden quedar allí plantados hasta el fin de los tiempos, o hasta que alguien los reporte y piensen que es una bomba, lo cual retrasaría el servicio. ¡Y llegar tarde si que es una tragedia en Inglaterra!

El monumental Museo de Historia Natural de Londres
El otro factor que causa una profunda impresión, es, como algún bloggero lo definió alguna vez, la “promiscuidad cultural” que se vive en Londres. No sólo los museos más importantes de Europa y de los más visitados del mundo son gratis, también la educación es de primer nivel y hasta los expatriados hablan generalmente varios idiomas y muestran un nivel de aprecio singular al aprendizaje de nuevos terrenos del conocimiento y culturas extranjeras. El nivel musical y artístico en general es ridículamente alto, tanto así que en cualquier concierto de bar las bandas que se escuchan bien podrían ser los futuros exponentes de su género a nivel mundial, lo cual no es raro teniendo en cuenta que prácticamente el 90% de los grupos relevantes de rock –por dar un ejemplo- en el mundo se han gestado en territorio británico (Led Zepellin, Pink Floyd, Black Sabbath, Iron Maiden, Radiohead, The Beatles, Queen, Oasis, The Rolling Stones, The Who, The Cure, Prodigy, Sex Pistols, Muse, Placebo, King Crimson, Judas Priest, y la lista sigue y sigue hasta los umbrales de la locura). Y en territorio académico, si bien en otros países se organizan eventos especializados en, por ejemplo, Steve Reich o Philip Glass, aquí se puede ver a los compositores en persona, tocando con su ensamble como pasará en Otoño. La explosión de eventos de todo tipo de ensambles y experimentos es desmedida. A pesar de que todos los artistas se miden día a día con los mejores del mundo, aún así, pareciera haber lugar para todos y todo. Pero si he de sacar una conclusión apresurada de lo anterior y del poco tiempo que llevo viviendo aquí, es una sola: Aquí como en ninguna parte pareciera que las características del entorno tienen un impacto directamente proporcional en la calidad artística de los individuos que se desenvuelven en él.